En algunos libros de técnica del violín se nombra a los cambios de posición como el primer gran escollo para un violinista, como si hubiese un “antes” y un “después” en la técnica del instrumento. Y quizás sea así, o por lo menos es así para muchos violinistas. Pensando en ello, y sobre todo, en cómo abordar su enseñanza, voy a hablar sobre el primer frente sobre el que se puede trabajar, y uno de los más básicos: el movimiento del brazo.

Adiós al movimiento recto

Cuando un violinista piensa en desplazar la mano por el mástil, muchas veces ocurre que su idea del movimiento que tiene que realizar sea una línea recta. Algo bastante lógico si lo que se pretende es llegar de un lugar en la cuerda hasta otro, y además a esta idea contribuye también el hecho indiscutible de que la cuerda es totalmente recta. Sin embargo no es la rectitud de la cuerda lo que nos interesa, ni siquiera el hecho de llegar hasta la nueva posición, lo realmente importante es no traslandar esa idea de línea recta en el espacio hasta el movimiento que va a efectuar el brazo, ya que al pensar en hacer este movimiento de forma “recta” añadimos un montón de tensión y quizás también movimientos innecesarios que sólo van a interferir con la técnica.

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Para empezar tenemos que tener presente que ninguna articulación del cuerpo, de manera natural, realiza movimientos rectos, son todos curvos, de esta forma si queremos llevar la mano desde la 1º posición hacia posiciones más agudas, tanto la mano, como el antebrazo (desde el codo) y el brazo (desde la articulación del hombro), describirán una curva muy sutil al principio y más acusada en cuanto sea necesario sortear también la caja del instrumento. Pero es importante observar que esta curva comienza desde el inicio del recorrido, ya que en muchos casos lo que se hace es dividir el mástil en dos partes; 1ª parte hasta la 3ª posición, manteniendo la idea errónea del “movimiento recto”, y 2ª parte desde 4ª posición en adelante haciendo una curva con el objetivo de sortear la caja del instrumento. Al dividir este recorrido en dos y tener que hacer 2 movimientos diferentes en cada parte del mismo aumentamos mucho la dificultad, además de obligar al antebrazo a hacer un movimiento recto en la primera parte, sólo posible tensando innecesariamente la musculatura.

El movimiento, por lo tanto, es uno sólo, independientemente de hasta dónde llegue la mano. Y tanto para ascender como descender se efectúa de manera curva, no recta.

Es importante para un profesor conocer la idea que tiene el alumno sobre el movimiento que va a realizar, y es más importante todavía que el alumno se plantee cuál es esa idea, ya que es muy probable que en un primer momento ni siquiera él lo sepa. Sólo de esta forma se podrán hacer cambios significativos, ya que detrás de cualquier buen o mal movimiento, siempre hay una idea sobre el mismo, y para poder mejorarlo es necesario comenzar por la idea.